sábado, 22 de enero de 2011

El adiós que se queda

Montañas que no son de piedra, vendas que caen de los ojos. El amor es como la vida: siempre tejiendo imposibles, siempre tejiendo redes que nos atrapan.

Desearía no estar aquí hablándole a estas paredes, desearía que tus besos no se hubieran ido de la piel de mis adentros. Pero, sobre todo, desearía no haber escrito esta canción, llena de deseos que se fueron, llena de adioses que se quedaron.

Dicen que el deseo nunca es carne, que nada tiene de tierra, que siempre es aire, volátil, urgente como el agua. Fuego viajero que no se queda.

Me llamas y no voy.

Te llamo y no vienes.

Es el sonido del adiós, un eco vacío que se llena de silencio. Las palabras que no se dicen, las pieles que no se tocan…

Desearía no haber escrito estas palabras, pero hacerlo me devuelve la alegría del sabor que me quedé y que quise hacer todo lo que un día deseamos, puro deseo, fuego viajero que no puede quedarse.

Ahora sé que te quiero sin sombras de deseos urgentes que quieran confundirme, pero es tarde, otra vez es tarde.

Siento el sonido vacío de eco tras el adiós que aún no me has dicho. Es el frío que se mezcla con el fuego viajero que me puebla, y que ya no puede quedarse.


Carlos Desastre

3 curiosxs:

Anónimo dijo...

Jup...

A veces tienes unas cosas que no se por donde pillarte xD

Jane Doe dijo...

nunca dejaré de sorprenderte..

Anónimo dijo...

Tus palabras me llenan de pavor O_o

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