lunes, 4 de enero de 2010

Encuentro

Me preguntó cómo estaba, que qué tal todo después de todo este tiempo. Yo, entonces, comencé a mover hilos, a desempolvar recuerdos y mi cerebro empezó a chirriar. Me acordé de las noches en vela, de las tardes disneicas y de los ojos en blanco. Recordé las pupilas dilatadas y fundidas en mis mejillas y recordé mis manos erosionadas de tanto intentar aguantar las lágrimas. Me vi esquivando palabras, soñando respuestas y formulando preguntas. Imaginé cómo me verían quienes quisieran verme con ese pelo, esa piel, esos ojos y el hedor a fracaso. Me sobrecogí con su frase como lo hacía todas las noches en la cama con mi vida, retorciéndome luchando contra lo inevitable, temiendo lo innombrable, asustada y acorralada entre un mar de mantas, sientiendo un dolor que se verbalizaba en en el corazón, en la espalda y en los pies, que me arrebataban el equilibrio que tanto necesitaba. Me acordé de muchas lágrimas alrededor, y no todas eran mías. Me acordé de heridas que no cerraban y de noches que aún dormían. Me acordé de todo eso, y cuando abrí la boca tras una inspiración forzada y tranquila, viéndome en el retrovisor del coche que teníamos enfrente, mientras me imaginaba metiéndome la mano al estómago y sacando las palabras, tan sólo acerté a sonreir un "Bien."

2 curiosxs:

tyess dijo...

Vaaaaya. Es... fuerte.

¿Caos y Orden?... me cuesta distinguir. n_n

Mari Carmen Izquierdo dijo...

Me has dejado con un nudo en la garganta, la piel de gallina, y una aglomeración de palabras en mi cabeza que no saben cómo salir...

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