viernes, 15 de enero de 2010

El arte de dar malas noticias.

Un buen silencio sustituye a una mentira.

Marisa Velasco.

sábado, 9 de enero de 2010

Si ha fallado lo que nunca fallaría.

Si con cada paso que das, más te alejas del final que querías alcanzar. Si todo a tu alrededor se derrumba sin cesar: ¿para qué vas a seguir? Para pensar: "¿Qué puedes perder? Vuelve a levantarte, inténtalo otra vez. ¿Qué puedes perder? Vuelve a levantarte, mantente en pie."

Si el destino y el azar se aliaron contra ti y tu aguante se quebró. Si ha llegado a fallar lo que nunca fallaría y no puedes respirar...

martes, 5 de enero de 2010

xxx

Se me están acabando las lágrimas.

lunes, 4 de enero de 2010

Encuentro

Me preguntó cómo estaba, que qué tal todo después de todo este tiempo. Yo, entonces, comencé a mover hilos, a desempolvar recuerdos y mi cerebro empezó a chirriar. Me acordé de las noches en vela, de las tardes disneicas y de los ojos en blanco. Recordé las pupilas dilatadas y fundidas en mis mejillas y recordé mis manos erosionadas de tanto intentar aguantar las lágrimas. Me vi esquivando palabras, soñando respuestas y formulando preguntas. Imaginé cómo me verían quienes quisieran verme con ese pelo, esa piel, esos ojos y el hedor a fracaso. Me sobrecogí con su frase como lo hacía todas las noches en la cama con mi vida, retorciéndome luchando contra lo inevitable, temiendo lo innombrable, asustada y acorralada entre un mar de mantas, sientiendo un dolor que se verbalizaba en en el corazón, en la espalda y en los pies, que me arrebataban el equilibrio que tanto necesitaba. Me acordé de muchas lágrimas alrededor, y no todas eran mías. Me acordé de heridas que no cerraban y de noches que aún dormían. Me acordé de todo eso, y cuando abrí la boca tras una inspiración forzada y tranquila, viéndome en el retrovisor del coche que teníamos enfrente, mientras me imaginaba metiéndome la mano al estómago y sacando las palabras, tan sólo acerté a sonreir un "Bien."

jueves, 24 de diciembre de 2009

Sobre la muerte y los moribundos, I

"Si ahora echamos un visazo a nuestra sociedad, nos preguntaremos qué pasa con el hombre en una sociedad empeñada en ignorar o eludir la muerte. ¿Qué factores, si es que los hay, contribuyen a hacer cada vez mayor la inquietud ante la muerte? ¿Qué pasa con el campo siempre cambiante de la medicina, en el que tenemos que preguntarnos si la medicina va a seguir siendo una profesión humanitaria y respetada o una ciencia nueva, despersonalizada, que servirá para prolongar la vida más que para disminuir el sufrimiento humano? ¿Qué pasa cuando los estudiantes de medicina pueden elegir entre docenas de disertaciones sobre el ARN y el ADN pero tienen menos experiencia de la simple relación médico-paciente, que era el abecé de todos los buenos médicos de familia? ¿Qué pasa en una sociedad que pone más énfasis en el coeficiente de inteligencia y en la calificación de sus médicos que en las cuestiones de tacto, sensibilidad, capacidad perceptiva y buen gusto a la hora de tratar a quien sufre? ¿Qué pasa con una sociedad profesional, donde el joven estudiante de medicina es admirado por su trabajo de investigación y laboratorio durante sus primeros años de estudio, aunque no sepa encontrar las palabras adecuadas cuando un paciente le hace una simple pregunta?"

Elisabeth Kübler-Ross

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Nudo


Creemos ser el centro del universo, brillar como sólo brilla el sol. Mientras tanto, nos extinguimos como cerillas en la oscuridad: inconscientes. Debemos perseguir nuestros sueños como una pequeña llama buscando su bomba a través de un pequeño reguero de pólvora, corriendo como alma que lleva el diablo (el diablo existe y está entre nosotros). Crecimos buscando un tesoro al final del arcoiris para descubrir que el arcoiris en realidad nunca existió, que el tesoro estuvo siempre, siempre a nuestro lado.

Quitémonos las vendas de los ojos: la mayor de las cárceles reside en nosotrxs mismxs.

Cordura,
la ridícula mecánica de la vida moderna.

martes, 1 de diciembre de 2009

Catarsis

Arde, furor oculto,
ceniza que enloquece,
arde invisible, arde
como el mar impotente engendra nubes,
olas como el rencor y espumas pétreas.
Entre mis huesos delirantes, arde;
arde dentro del aire hueco,
horno invisible y puro;
arde como arde el tiempo,
como camina el tiempo entre la muerte,
con sus mismas pisadas y su aliento;
arde como la soledad que te devora,
arde en ti mismo, ardor sin llama,
soledad sin imagen, sed sin labios.
Para acabar con todo,
oh, mundo seco,
para acabar con todo.

Octavio Paz,
fragmento de "Para acabar con todo"