martes, 9 de febrero de 2010

Astilladxs

¿Qué soñaremos lxs mutiladxs, lxs astilladxs del corazón? ¿Que tenemos alas más fuertes y más grandes, y que no hay ningún sol que pueda arrebatarnos la vida? ¿Qué soñamos cuando somos libres del alma? Cuando tenemos la libertad de ser palabras de fuego, jinetes del Apocalipsis. ¿Qué peste nos invade el estómago? ¿Por qué cerramos los ojos y sentimos que seguimos viendo? Que del otro lado alguien nos está mirando y nos vela la preocupación, nos quita el miedo, nos besa y nos dice que todo está bien. ¿Qué soñaremos lxs que tenemos los ojos ampollados, las manos rojas e irritadas, la lengua engripada y la nariz escaldada del polvo de ausencia? ¿Qué soñaremos lxs viajerxs compulsivxs? Lxs que soñamos con estar para siempre dentro de otro cuerpo, y siempre estamos afuera, muriéndonos de frío, cubiertos de la cara, fríos por la muerte, somnolientxs… ansiosxs por vivir, prefiriendo soñar, porque en los sueños el miedo se convierte en relojes carcomidos, en tiempo que no aparece, se esfuma y se divierte a ser una canción muda. ¿Qué soñaremxs lxs mutilados del corazón?
Leticia Cortés

domingo, 31 de enero de 2010

Jaiotza

Como trozos de piedra extraídos de una cantera, alguien ha decidido que debo nacer, me ha obligado a ser humano cuando yo era sólo alma, era viento movido por sentimientos, y ahora soy sólo materia, un trozo de carne controlado por músculos.
Y ahora veo luz, una luz sucia que me ahoga, unas manos frías que me cogen, máquinas genéticas que no me entienden. Intento decir qué soy con un grito cuando unas sonrisas que no me hacen caso me abrazan. Soy un hombre depresivo deprimido, soy el que desde su nacimiento busca y no encuentra, soy el que busca y no encuentra.

domingo, 24 de enero de 2010

El vino y la sangre

Llevo días pensando en ello: lo que estoy viviendo en algunos aspectos de mi vida es algo de lo más masoquista. Y podré ser masoquista y disfrutar de la sangre en mis fosas nasales, pero no quiero ser una ignorante. Aprendiendo a encauzar estas batallas, estas treguas que no llegan; aprendiendo a luchar he aprendido a ignorar la guerra y a hacerme daño por dentro.

"¡Humilladle! -gritaréis, con el pecho partido por vuestra ira, por vuestra estupidez y por una orgía de carcajadas que anhelan oxígeno- ¡humilladle, porque sólo vale para escuchar!"

Ignoraréis, como siempre habéis hecho, cada una de mis palabras si no es rasgada en el viento y no es cantada con miedo. Ignoraréis el vino y la sangre que mantienen mi cuerpo en orden y mi mente en caos.

No sé quién será aquel que proyecta su imagen al otro lado del espejo, no sé quién será ese ser tan cruel que me arranca las pupilas para luego beberselas, ese que dispara al centro del alma, al lóbulo temporal, ése que se divierte rasgando sus uñas en mi corazón, pero no tengo más vida que darle esta noche.

Os mataría a todos, pero suelo cometer el error de escuchar.

Y de fondo vuestros gritos: humilladme.

Epílogo

Mi mente me hace dudar de la mente de los demás. Cálmala (por favor)


*Basado en las palabras de Lucio Gonzalez Abastas.

viernes, 15 de enero de 2010

El arte de dar malas noticias.

Un buen silencio sustituye a una mentira.

Marisa Velasco.

sábado, 9 de enero de 2010

Si ha fallado lo que nunca fallaría.

Si con cada paso que das, más te alejas del final que querías alcanzar. Si todo a tu alrededor se derrumba sin cesar: ¿para qué vas a seguir? Para pensar: "¿Qué puedes perder? Vuelve a levantarte, inténtalo otra vez. ¿Qué puedes perder? Vuelve a levantarte, mantente en pie."

Si el destino y el azar se aliaron contra ti y tu aguante se quebró. Si ha llegado a fallar lo que nunca fallaría y no puedes respirar...

martes, 5 de enero de 2010

xxx

Se me están acabando las lágrimas.

lunes, 4 de enero de 2010

Encuentro

Me preguntó cómo estaba, que qué tal todo después de todo este tiempo. Yo, entonces, comencé a mover hilos, a desempolvar recuerdos y mi cerebro empezó a chirriar. Me acordé de las noches en vela, de las tardes disneicas y de los ojos en blanco. Recordé las pupilas dilatadas y fundidas en mis mejillas y recordé mis manos erosionadas de tanto intentar aguantar las lágrimas. Me vi esquivando palabras, soñando respuestas y formulando preguntas. Imaginé cómo me verían quienes quisieran verme con ese pelo, esa piel, esos ojos y el hedor a fracaso. Me sobrecogí con su frase como lo hacía todas las noches en la cama con mi vida, retorciéndome luchando contra lo inevitable, temiendo lo innombrable, asustada y acorralada entre un mar de mantas, sientiendo un dolor que se verbalizaba en en el corazón, en la espalda y en los pies, que me arrebataban el equilibrio que tanto necesitaba. Me acordé de muchas lágrimas alrededor, y no todas eran mías. Me acordé de heridas que no cerraban y de noches que aún dormían. Me acordé de todo eso, y cuando abrí la boca tras una inspiración forzada y tranquila, viéndome en el retrovisor del coche que teníamos enfrente, mientras me imaginaba metiéndome la mano al estómago y sacando las palabras, tan sólo acerté a sonreir un "Bien."